“LO QUE TE DUELE TE SEGUIRÁ DOLIENDO, PERO APRENDÉS A TRANSITARLO DESDE OTRO LUGAR” La organización como herramienta de lucha para mujeres con familiares privados de libertad

Para muchas mujeres vivir la privación de libertad de un familiar es aprender a vivir en soledad, entender que se está en deuda y que te pueden pasar a llevar porque sí, porque eres mujer, porque eres pobre, porque tu esposo está preso y tu también tienes que pagar. También se mezclan sentimientos de miedo, de injusticia y vergüenza.

Ante este panorama surge la propuesta de la organización en la comunidad. Pequeños grupo de mujeres comienzan a reunirse en sus barrios, a compartir historias, un mate, un té o lo que haya para calmar la angustia y animar el diálogo. Se acompañan, se prestan un hombro cuando es necesario, ven que no están solas y que las historias se repiten más de lo que uno cree.

En octubre de 2016, Andrea Casamentos, Presidente de una agrupación de familiares de personas privadas de libertad en Buenos Aires, Argentina (ACIFAD), estuvo en la comuna de Maipú compartiendo con un grupo de estas mujeres. Hablamos de organización, compañerismo, trabajo colectivo, políticas públicas e incidencia.

Andrea tuvo un hijo que estuvo preso y eso hizo que tuviera que conocer el mundo de la cárcel. Para ella todo era desconocido, no entendía los procedimientos, no manejaba los códigos, veía mensajes de motines y pensaba que su hijo se moría. Ella misma relata como el principio fue de no entender, de muchas veces querer rendirse y de llorar, llorar mucho. Con el tiempo comenzó a levantar la cabeza y ver que las mujeres de la fila tenían rostros conocidos, eran las mujeres del barrio donde vivía, algunas incluso apoderadas del mismo colegio al que había ido su hijo. Así fue como se le ocurrió sacar la voz y comenzar ajuntarse con otras mujeres que estaban pasando por lo mismo que ella.

Esa es la historia de ACIFAD, la que surge de la experiencia de mujeres y de la necesidad de encontrarse, de las ganas de compartir y apoyarse en un momento de su vida que transitan sin mucho ayuda.

También de la dura experiencia de la dictadura se aprendió sobre formas de resistencia y organización. Nos contó que en esa época había lo que se llamaba “Casa compañeras”. Eran casas en el barrio que eran seguras, solidarias, que si pasaba algo uno podría recurrir a ese lugar. Así surge la idea de encontrar un espacio donde se puede acudir cuando alguien tuvo un problemas, tiene dudas y no sabe qué hacer. “Entonces, a las 3 de la mañana cuando alguien te llama y dice que apuñalaron a mi marido, yo voy a golpear esa puerta…Porque mi mamá no me va a entender, mi abuelo no me va a escuchar y la profesional del programa no va a venir hasta mañana. Entonces ¿Qué hago? ¿ Voy al penal, me encadeno, me mato? o ¿Qué hago? y en ese lugar te van a decir “yo ya pasé por eso, vamos, yo te acompaño y hacemos el recorrido juntas”.

De la experiencia vivida en primera persona, se adquieren aprendizajes que sirven más que cualquier manual. “Uno pone mucho en los ejecutores de programas sociales, pero ninguno de esos pibes, que laburan en programas sociales, caminan en la calle con nosotros…Nosotras tenemos que enseñarles a ellos y ellos nos van a ayudar a visibilizarnos. Tenemos que pedirles que nos abran las puertas de los lugares que nosotras queremos llegar, para uno poder hablar con quienes tenemos que hablar para exigir mejores condiciones para nosotros y nuestros familiares presos… Ellos (haciendo referencia a los profesionales de programas sociales) nos van a escuchar con todo el amor del mundo, pero no saben como es una requisa, no están esperando que les suene el teléfono al otro día para ver si su hijo o su marido está vivo o muerto. Ellos necesitan que nosotros les digamos que necesitamos, tenemos que pedir llegar a los espacios de poder para incidir y lograr transformar las injusticias que vivimos día a día”.

Con esta frase, Andrea nos evidencia lo que debería estar en el corazón de una política pública, no pretender decir qué hacer, sino que aquella que aprende a escuchar, que se construye desde la base y transforma la realidad de injusticia que quiere intervenir.

La organización también la ayudó a entender que cada persona debe ser protagonista de su proceso y que todos tenemos una responsabilidad social. Quienes pasan por la cárcel se dañan de muchas formas, independiente del lugar donde se esté. Seas gendarmes, familiar, operador de programas sociales, hijo o el mismo privado de libertad, “la cárcel daña a todos”, pero no te puede inmovilizar, ni negar como persona con derechos que merece respeto y dignidad.

“Hay que dejar un futuro, un país más inclusivo, un espacio mejor para nuestros hijos. Es responsabilidad de cada uno hoy. Lo que vaya a pasar mañana se empieza a construir ahora”. Por eso es importante actuar ahora, colectivamente, apoyarse para denunciar, buscar aliados y querer llegar a la mesa con quienes toman las decisiones, ya que solo así se puede transformar la realidad.

La organización da esperanzas y fuerzas, mostrando que posiblemente lo que dolía antes de estar juntas seguirá doliendo (la separación, la injusticia, la pobreza, la sobrecarga laboral), pero del encuentro organizado con otras, se aprende a transitar en ese dolor de otra forma y desde otro lugar. Desde uno que no te inmoviliza, sino todo lo contrario, uno que te permite seguir adelante y luchar.

Para finalizar el diálogo abierto con las mujeres, Andrea nos dice “Hace 10 años en Argentina a los presos se le negaba la familia… Cuando se hablaba de los presos nadie se preguntaba qué pasó con su familia. Hoy cada vez que se piensa en ellos, se piensa también en las familias y ese es un tema que instalamos nosotras. Para Chile, seguramente las mujeres serán quienes lo logren también. Confío, me llevo eso”

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(1) Cita de Andrea Casamentos, Presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos (ACIFAD) Argentina en el Encuentro de Mujeres Chilenas con familiares encarcelados Octubre 2016.

(2) Citas de relatos de mujeres participantes en el encuentro de mujeres con familiares encarcelados.

(3) Relato escrito por Francisca Hidalgo, Directora ONG ENMARCHA, en el marco de la visita de Andrea Casamentos, Presidenta de ACIFAD a Santiago de Chile el año 2016. 

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